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lunes, 2 de agosto de 2010

EL MURO Y EL MAR

Estoy con mi mamá, no estoy segura de qué lugar se trata, quizá es Europa. Visitamos una iglesia blanca, dentro de la cual y en cuyos alrededores hay monjes, alegres y serenos, cubiertos con sus hábitos. El espacio es grande, como una llanura, y el cielo está completamente despejado. Ahora estoy en un muelle; a través del orificio de un muro blanco (que está ahí, como una ruina, sin colindar con algo más) veo el mar en su esplendor azul. Tomo una cámara y la acerco al orificio del muro, para retratar la imagen. Veo la fotografía que he tomado: no es fija, sino que las olas del mar se agitan en ella, es increíble, se la muestro a mi madre.
Ahora estamos en una posada blanca y cálida. Tenemos cierto temor, pues parece que hay una especie de villano que entra a los cuartos, bajo las puertas, como vapor o neblina.

domingo, 13 de diciembre de 2009

UNA MÁQUINA INSERVIBLE Y EL MAR. SIEMPRE EL MAR.

Voy con mi madre en el coche, soy su copiloto. Sé que estamos fuera de la ciudad. De pronto, mi madre detiene el coche cerca de una máquina y me dice: “baja a sellar el boleto del estacionamiento.” Abro la puerta del coche, si diera un paso más podría caer varios metros abajo, donde está un mar hermosísimo, con su agua clara, verdeazul y docenas de piedras redondeadas en la orilla. Le digo a mi mamá “el mar está hermoso, quiero meterme ahora mismo.” De pronto veo un pez grande, negro, que nada en la parte un poco más profunda. Aunque este animal parece una especie inofensiva de tiburón, concluyo que sería bueno meterme sólo en la parte baja.
Puesto que sólo estamos de paso, no entro al mar; en vez de eso voy hacia la máquina que mi madre me había señalado. Este artefacto no sella boletos; es una especie de congelador de café. No sé por qué le puse diez pesos y tampoco sé por qué sigo sentada frente a esa máquina, si está descompuesta y sólo hay medios vasos de café congelado dentro de ella. Tres tipos trajeados pasan, llevan un pastel, me dicen en un tono burlón “feliz cumpleaños,” entonces yo saco la escarcha del congelador del café y se las lanzo, una y otra vez; ellos ríen y luego se van.

jueves, 19 de febrero de 2009

VESTIDOS NUPCIALES DE CHOCOLATE LÍQUIDO.

Mi madre y yo caminamos en una calle soleada y tranquila. Vamos rumbo al salón de belleza. Yo también quiero cortarme el cabello, pero el costo me parece muy alto, así que cuando entramos me quedo esperándola en un sillón. Me recuesto, entonces la estilista me dice: "como cambiamos un poco este lugar, seguramente lo sientes pequeño," cosa que no es cierta, pues el sitio me parece grande. Miro una revista: hay tres modelos con vestidos de novia, están de pie sobre el mar, se ven felices, totalmente felices e inmóviles, mientras debajo de ellas ondea el agua marina, y también ondea el chocolate líquido que las envuelve, pues de este material están hechos sus vestidos nupciales.

miércoles, 21 de enero de 2009

MUJER QUE NAVEGA ENVUELTA CON TUL

Navego en un barco. De pronto alguien pasa en un pequeño bote: es una mujer blanca; su cabello es rizado y rojizo y a duras penas asoma por una capucha rosa de tul, de hecho, toda ella está envuelta con tul; grandes pedazos de tul rosa sobresalen a los costados del bote. Se ve que es una mujer vanidosa, pues está recostada como lo haría una princesa y sólo mira hacia el frente. Alguien que se encuentra junto a mí, un hombre, me dice algo así como "ella pertenece a un grupo de gente que vive en el mar, gente a la que le gusta hacer creer que su barco ha naufragado."

viernes, 15 de agosto de 2008

AGUA CLARA

Mis papás se han mudado juntos a la playa. Su casa es amplia y lujosa. Papá no está, pero mamá me muestra el lugar. El agua se encuentra treinta centímetros abajo de la puerta de entrada, lo cual me parece muy peligroso, pues la casa puede inundarse; sin embargo, esto no parece preocupar a mi mamá. En la puerta trasera el nivel del agua es distinto; sí hay una distancia adecuada entre la casa y el mar. Mi mamá dice que aquello es una alberca comunitaria; veo que el agua es marina, bordeada por una barda, y que mucha gente nada contenta ahí.
El día es soleado. Quiero lanzarme al agua; ahora, como siempre, tengo miedo de que haya algún animal que pueda morderme; pero desde la plataforma en la que estoy veo que el agua es demasiado clara, como para que hubiese un animal sin ser visto. No resisto la tentación: me aviento, pero mi clavado es lento, lo mismo que mi braceo; eso me desespera un poco. Abro los ojos bajo el agua, veo el fondo, porque es muy clara; no hay más que arena. Me siento bien.

domingo, 20 de enero de 2008

POLLITO DECAPITADO

Toda mi familia materna está en la playa. Yo cuido al hijo mediano de mi tío Pedro, es decir, a mi primo F, quien permanece sentado a mi lado en la playa. Tío Pedro se adentra en el mar con sus otros dos hijos: el mayor, que es adolescente, y el menor que tiene cinco años de edad; las olas arrecian, mi tío no puede cuidar a ambos, de modo que logra salvar al pequeño, pero no al grande, quien muere ahogado; veo sus piernas blancas entre leños que flotan. Es muy difícil explicar lo que ocurre luego: la familia regresa de la playa en un camión, todos sabemos que mi tío murió de un infarto hace meses, no ahogado; sin embargo, mi primo M sí acaba de morir en el mar, cosa que ni mi tía política ni mi primo F saben; ellos preguntan por mi primo ausente, pero los demas familiares no sabemos cómo decirles lo que ha ocurrido.
Finalmente llego a mi habitación de hotel. Encuentro una gallina húmeda, con los ojos cerrados de dolor y enfermedad; a su lado hay un pollito, húmedo, decapitado pero vivo. Siento mucho dolor de verlos y con ese dolor despierto. Tal vez éste es el sueño más triste que he tenido.

lunes, 7 de enero de 2008

DOS PEGASOS

Estoy de vacaciones con mi mamá; sorpresa: encuentro a mi amigo Pablo y a Adriana (una de mis primas veracruzanas), así que prefiero irme con ellos al mar. Mamá se enoja conmigo y permanece en la arena; a pesar de que tengo un gran sentimiento de culpa, yo me alejo cada vez más de la orilla, y desde el agua busco a mi madre con la mirada.
Ya no estamos en el mar sino en una alberca, Adriana, Pablo y yo competimos y jugamos con pelotas, es divertido; procuro no ir hasta el extremo contrario de la alberca, donde el agua es más profunda, más oscura. De nuevo estamos en el mar, desde la orilla Pablo señala el ocaso: dos caballos blancos y alados galopan sobre el agua; pero de pronto ya no estamos ahí, sino que los miramos desde la butaca del cine; la película cambia: ahora trata sobre la destrucción de una ciudad de juguete.
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Con mi baja estatura pierdo glamour, pero gano simpatía. Me alegro con facilidad: "sí, sí, sí, yo quiero mambo, mambo". Soy una persona agridulce. Me gusta el mar y cualquier agua clara o verdeazul en la que pueda zambullirme. Mi escritor favorito es Italo Calvino, de quien aprendí que, en medio de la mezquindad, un impulso de amor general puede originar un universo.