Estoy en una habitación amplia y desolada. Veo una especie de sombra femenina volteada hacia la pared. Ella gira hacia mí y extiende sus brazos con mucho sufrimiento. No puedo ver su rostro, pues como les digo, este ser es como una sombra, en la que puedo distinguir una figura esbelta y un cabello lacio hasta los hombros. Es un fantasma y tengo miedo, por eso decido manifestar mis poderes: cierro los ojos, cuento hasta cuatro, voy a transformarme. Con una gran velocidad doy saltos mortales en dirección a la pared; no puedo verme a mí misma, pero sé que estoy en trance, hago ruidos horribles y supongo que mi apariencia es desagradable. Todo esto es necesario para ahuyentar a esa sombra fantasma.

Al final del sueño veo a una mujer cana y elegante, vestida de negro, que camina con su hija hacia la iglesia de un pueblo; por la ropa que llevan, pienso que se encuentran en los inicios del siglo XX; estoy segura que son parte del pasado de aquella sombra. Escucho una voz que entona la misma melodía de otro sueño mío sobre fantasmas. Despierto con miedo.