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lunes, 2 de noviembre de 2009

ASUSTAR UNA FANTASMA

Estoy en una habitación amplia y desolada. Veo una especie de sombra femenina volteada hacia la pared. Ella gira hacia mí y extiende sus brazos con mucho sufrimiento. No puedo ver su rostro, pues como les digo, este ser es como una sombra, en la que puedo distinguir una figura esbelta y un cabello lacio hasta los hombros. Es un fantasma y tengo miedo, por eso decido manifestar mis poderes: cierro los ojos, cuento hasta cuatro, voy a transformarme. Con una gran velocidad doy saltos mortales en dirección a la pared; no puedo verme a mí misma, pero sé que estoy en trance, hago ruidos horribles y supongo que mi apariencia es desagradable. Todo esto es necesario para ahuyentar a esa sombra fantasma.
Al final del sueño veo a una mujer cana y elegante, vestida de negro, que camina con su hija hacia la iglesia de un pueblo; por la ropa que llevan, pienso que se encuentran en los inicios del siglo XX; estoy segura que son parte del pasado de aquella sombra. Escucho una voz que entona la misma melodía de otro sueño mío sobre fantasmas. Despierto con miedo.

martes, 19 de febrero de 2008

COCODRILO PLANO

Estoy al aire libre, en un sitio que se parece al CCH sur. Sin embargo hay un chapoteadero, mismo que es igual al que está en el jardín de niños donde trabaja mi madre desde hace siglos. Mujeres cuyos rostros no recuerdo están a mi lado; tengo la impresión de que son mis compañeras del CCH. En el chapoteadero hay un cocodrilo peculiar: es plano, muy plano y largo. Yo les digo a mis compañeras que el animal es demasiado grande para vivir ahí. Ellas se encuentran tranquilas junto al bicho. Yo miro que mueve la cola de modo casi amistoso, como lo haría una foca, o un perro. Además, caigo en la cuenta de que sus dientes no son afilados; a pesar de todo, mantengo mi distancia.

jueves, 6 de septiembre de 2007

MUJERES Y ANIMAL FEROZ


***


Edna, Claudia, Zoila y yo estamos en la parte más alta de un bar. Ellas tres descienden un par de escalones, pero casi de inmediato suben despavoridas, me dicen que hay un perro, que van a matarlo, que es peligroso. Imaginé que era un labrador, pero de ser así, mis amigas no habrían huído escaleras arriba ¿no es algo obvio? Sin embargo, tonta y presurosa, bajé a buscar al animal, pues no quería que le hicieran daño. Sorpresa, me encontré con un furioso rottweiler, cuyo dueño se esforzaba, en vano, por controlarle. El perro gruñó, me mostró los dientes, qué amenaza; aterrorizada ascendí hasta el escondite de mis amigas, intentamos cerrar la puerta entre las cuatro, pero fiero el animal asomaba las fauces y empujaba la puerta. Finalmente, ya en la oscuridad de una calle, pasamos junto a sus restos. Alguien lo mató, qué alivio.
***
Mis primas del lado paterno y yo estamos en una cama. Vemos pasar a mi bisabuela del lado materno. "Hay que saludarla" les digo, pero conforme la anciana se acerca me arrepiento, mejor que no no nos oiga, que no venga hasta nosotros, pues la visión es horrenda: la vieja tiene el cabello suelto, los párpados permanecen arriba, pero sus ojos se han secado, ahora son blanquecinos, achicados, como los de un pescado puesto sobre el plato.
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Con mi baja estatura pierdo glamour, pero gano simpatía. Me alegro con facilidad: "sí, sí, sí, yo quiero mambo, mambo". Soy una persona agridulce. Me gusta el mar y cualquier agua clara o verdeazul en la que pueda zambullirme. Mi escritor favorito es Italo Calvino, de quien aprendí que, en medio de la mezquindad, un impulso de amor general puede originar un universo.